
Revista Científica Ciencia y Método | Vol.04 | Núm.01 | Ene–Mar | 2026 | www.revistacym.com pág. 30
sino como un continuo de situaciones donde, aun cuando algunos reportan trato justo,
el componente institucional aparece como el punto más frágil y menos confiable.
En cuarto lugar, los hallazgos sobre legítima defensa y mediación cultural aportan una
clave interpretativa para comprender por qué la exigibilidad se debilita incluso cuando
existen normas: la mayoría no se siente segura al usar legítima defensa frente a abuso
laboral (60,0% en desacuerdo) y, simultáneamente, más de la mitad considera que
factores culturales afectan esa aplicación (53,3% de acuerdo) (Jerez & Mera, 2024).
En el contexto ecuatoriano, la estigmatización y los discursos de inseguridad
vinculados a ciertos flujos migratorios pueden erosionar el clima social de protección
y generar autocensura o temor a represalias, con consecuencias indirectas sobre
oportunidades laborales y disposición a denunciar (Célleri, 2023). Por tanto, la brecha
no es únicamente institucional; también es sociocultural, y opera sobre expectativas
de trato, credibilidad de la víctima y costos simbólicos del reclamo (Samaniego-
Quiguiri et al., 2023; Núñez-Ribadeneyra, 2023; Mendoza-Armijos et al., 2023).
En quinto lugar, la asociación entre desprotección y consideración de migración
irregular (33,3% de acuerdo; 46,7% de desacuerdo) sugiere una relación plausible
pero no lineal: para una fracción relevante, la falta de protección laboral puede actuar
como factor de presión hacia estrategias irregulares; sin embargo, para otra fracción,
la decisión parece depender de otros determinantes (Jerez & Mera, 2024). Este
resultado es coherente con la literatura que advierte que las trayectorias migratorias y
laborales responden a combinaciones de factores económicos, institucionales y de
riesgo, no a una sola variable. Aun así, el dato es importante porque anticipa que la
debilidad en protección efectiva puede producir externalidades sociales y económicas,
incluyendo precarización persistente y afectaciones al bienestar; de hecho, el empleo
informal y precario se ha vinculado con peores resultados de salud autopercibida y
con impactos en salud mental en la región, lo que amplifica los costos de no cerrar la
brecha de implementación (Utzet et al., 2021; Merino-Salazar et al., 2023).
Los resultados deben interpretarse considerando limitaciones metodológicas que no
invalidan el aporte, pero sí delimitan su alcance: la muestra es pequeña (n=15) y no
probabilística, por lo que los porcentajes describen tendencias de la muestra y no
estimaciones representativas; aun así, la consistencia interna del instrumento
reportada en la tesis (α=0,845) respalda la coherencia de medición (Jerez & Mera,
2024; Cronbach, 1951). A pesar de ello, el patrón convergente —desconfianza
institucional, déficit de información para defender derechos, y peso de factores
socioeconómicos y culturales— contribuye de manera original a precisar el “dónde”
de la brecha: menos en la existencia formal de derechos y más en su implementación,
especialmente en canales de denuncia, respuesta y apoyo. En adelante, la agenda de
investigación puede fortalecer este aporte ampliando muestras, comparando
territorios y sectores ocupacionales, e incorporando métricas de acceso efectivo
(tiempos de respuesta, resultados de denuncias, barreras administrativas), para
traducir el diagnóstico en mejoras verificables de política y práctica, tal como