Revista Científica Ciencia y Método | Vol.04 | Núm.01 | EneMar | 2026 | www.revistacym.com pág. 225
Mitigación de la isla de calor urbana desde las
cubiertas
Mitigation of the urban heat island effect from rooftops
Zambrano-Caizaluisa, Cristhian Andres
1
https://orcid.org/0009-0003-8800-8233
crizthian_architect@hotmail.com
Investigador independiente, Ecuador.
Autor de correspondencia
1
DOI / URL: https://doi.org/10.55813/gaea/rcym/v4/n1/147
Resumen: La intensificación de la isla de calor urbana
constituye un problema ambiental y sanitario que incrementa
la temperatura del aire, la demanda energética estival y el
estrés térmico, por lo que este estudio se centra en la
mitigación desde las cubiertas por su escalabilidad y alta
disponibilidad superficial. Se desarrolló una revisión
bibliográfica exploratoria y crítica, con búsqueda sistemática
en bases indexadas (principalmente Scopus y Web of
Science, además de fuentes complementarias), horizonte
200027 de enero de 2026, criterios de elegibilidad para
estudios empíricos, de modelación y revisiones con resultados
cuantitativos, extracción estandarizada y evaluación de
calidad/riesgo de sesgo adaptada al tipo de evidencia. Los
hallazgos sintetizados muestran que las cubiertas frías
reducen de forma consistente la temperatura superficial
(típicamente 820 °C en verano) y generan descensos
medibles de la temperatura del aire urbano; a escala de
ciudad, un incremento de 0,1 en el albedo medio de cubiertas
se asocia con reducciones aproximadas de 0,10,33 K,
además de disminuciones relevantes en cargas de
enfriamiento y carga pico. Las cubiertas verdes aportan
atenuación térmica por evapotranspiración y co-beneficios
hidrológicos (retención y retardo de escorrentías), pero su
desempeño depende de sustrato, humedad/riego y
mantenimiento. Se concluye que ambas estrategias son
complementarias y deben priorizarse según clima, morfología
urbana, fracción intervenida, costos de ciclo de vida y metas
de co-beneficios, con énfasis en mantenimiento y focalización
en “puntos calientes” y poblaciones vulnerables.
Palabras clave: isla de calor urbana; cubiertas frías; cubiertas
verdes; albedo; confort térmico.
Artículo Científico
Received: 30/Dic/2025
Accepted: 27/Ene/2026
Published: 12/Feb/2026
Cita: Zambrano-Caizaluisa, C. A. (2026).
Mitigación de la isla de calor urbana desde las
cubiertas. Revista Científica Ciencia Y
Método, 4(1), 225-
236. https://doi.org/10.55813/gaea/rcym/v4/n1
/147
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Artículo Científico
EneroMarzo 2026
Abstract:
The intensification of the urban heat island effect is an environmental and health
problem that increases air temperature, summer energy demand, and heat stress. This
study focuses on mitigation measures involving roofs due to their scalability and high
surface availability. An exploratory and critical literature review was conducted, with a
systematic search of indexed databases (mainly Scopus and Web of Science, as well
as complementary sources), covering the period 2000–January 27, 2026, with
eligibility criteria for empirical studies, modeling, and reviews with quantitative results,
standardized extraction, and quality/bias risk assessment adapted to the type of
evidence. The synthesized findings show that cool roofs consistently reduce surface
temperature (typically 8–20 °C in summer) and generate measurable decreases in
urban air temperature; at the city scale, a 0.1 increase in average roof albedo is
associated with approximate reductions of 0.1–0.33 K, in addition to significant
decreases in cooling loads and peak load. Green roofs provide thermal attenuation
through evapotranspiration and hydrological co-benefits (retention and runoff delay),
but their performance depends on substrate, moisture/irrigation, and maintenance. It
is concluded that both strategies are complementary and should be prioritized
according to climate, urban morphology, fraction intervened, life cycle costs and co-
benefit targets, with an emphasis on maintenance and a focus on “hot spots” and
vulnerable populations.
Keywords: urban heat island; cool roofs; green roofs; albedo; thermal comfort.
1. Introducción
La intensificación de la isla de calor urbana (ICU) constituye un problema ambiental y
sanitario de primera magnitud: eleva la temperatura del aire en las ciudades, aumenta
la demanda energética estival, degrada el confort térmico exterior e interior y se asocia
con exceso de mortalidad durante olas de calor (Gasparrini et al., 2015; Santamouris,
2014). La evidencia climática reciente advierte, además, que la urbanización amplifica
el calentamiento proyectado en áreas urbanas, especialmente en las temperaturas
mínimas nocturnas, lo que agrava los riesgos para poblaciones vulnerables y la
infraestructura. En este contexto, mitigar la ICU es un imperativo científico y de política
pública. El presente artículo propone examinar la mitigación “desde las cubiertas”
como eje estratégico, dado su potencial escalable y su capacidad de actuar sin
competir por suelo urbano. (Gasparrini et al., 2015; Santamouris, 2014).
Las causas de la ICU son multifactoriales: mayor absorción y almacenamiento de calor
en materiales urbanos de baja reflectancia, reducción de evapotranspiración por
pérdida de vegetación, liberación de calor antropogénico y alteraciones de la
ventilación a escala de cañón urbano (Santamouris, 2014). En la matriz superficial de
las ciudades, las cubiertas representan una fracción considerable (≈20–25% del área
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urbana), comparable en magnitud a los pavimentos (≈40%), por lo que intervenirlas
es particularmente prometedor (Akbari, Menon, & Rosenfeld, 2009). La gran
disponibilidad de estas superficies, su accesibilidad técnica y el hecho de que no
requieran nuevo suelo convierten a las cubiertas en un vector de mitigación con
elevada relación costo-efectividad y co-beneficios ambientales (Santamouris, 2014).
Desde las cubiertas, dos familias de soluciones pasivas concentran la mayor
evidencia: los “cool roofs” (superficies de alta reflectancia/emitancia) y las cubiertas
verdes. Los meta-análisis y revisiones indican que un aumento del albedo urbano
promedio puede reducir la temperatura ambiente a escala de ciudad del orden de 0,1–
0,33 K por cada incremento de 0,1 en el albedo de cubiertas; las cubiertas verdes,
cuando se despliegan ampliamente, han mostrado reducciones simuladas de 0,3–3
K, con beneficios adicionales en confort (Santamouris, 2014). A nivel de edificio, los
cool roofs reducen cargas de enfriamiento típicamente entre 10% y 40%, con mayor
eficacia en climas cálidos (Santamouris, 2014). En evaluaciones urbano-operativas
durante eventos de calor, los cool roofs han superado a las cubiertas verdes en la
reducción de temperatura del aire y en la mejora del índice universal de confort térmico
(UTCI), acortando la duración del estrés térmico intenso (Wang, Li, & Sodoudi, 2022).
Estas cifras sustentan la pertinencia de priorizar intervenciones reflectantes allí donde
el objetivo principal sea abatir picos térmicos y demanda eléctrica estival, sin
descuidar el aporte de la evapotranspiración en escenarios secos para las soluciones
vegetadas. (Santamouris, 2014; Wang et al., 2022).
La justificación de la mitigación desde cubiertas se refuerza por su viabilidad técnica-
económica y por los co-beneficios ecosistémicos. En análisis de costo del ciclo de vida
a 50 años, las cubiertas blancas resultan la opción más costo-efectiva frente a
cubiertas negras y, en promedio, más económicas que las verdes, aunque estas
últimas ofrecen servicios ambientales (retención de escorrentía, biodiversidad,
paisaje) no plenamente internalizados en los cálculos financieros (Sproul, Wan,
Mandel, & Rosenfeld, 2014). Las cubiertas verdes retienen y retardan la escorrentía,
contribuyen a la calidad del aire y pueden proveer hábitats en entornos densos
(Mentens, Raes, & Hermy, 2006; Oberndorfer et al., 2007). A escala climática, el
incremento de albedo de cubiertas y pavimentos tiene incluso efectos netos de
enfriamiento radiativo equivalentes a decenas de gigatoneladas de CO evitadas,
ilustrando su relevancia como medida de mitigación coadyuvante (Akbari et al., 2009).
En suma, combinar cool roofs donde prime la reducción térmica y energética con
cubiertas verdes donde se busquen múltiples servicios ecosistémicos ofrece una
senda de implementación realista, adaptable a restricciones estructurales y
presupuestarias. (Sproul et al., 2014; Mentens et al., 2006; Oberndorfer et al., 2007;
Akbari et al., 2009).
Objetivo del artículo: desarrollar una revisión sistemática y crítica de la evidencia
científica sobre la mitigación de la isla de calor urbana “desde las cubiertas”, con
énfasis en (i) magnitudes de enfriamiento a escala de edificio, calle y ciudad; (ii)
determinantes de desempeño (clima, morfología urbana, fracción de cobertura,
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gestión hídrica, materiales y mantenimiento); (iii) co-beneficios y externalidades; (iv)
costos y barreras de implementación; y (v) vacíos de investigación en condiciones de
calor extremo y en ciudades del Sur Global. La revisión contrastará comparativamente
cool roofs y cubiertas verdes, considerando además variantes emergentes (p. ej.,
sistemas azul-verde) y la evidencia más reciente que prioriza la eficacia relativa de
estrategias de cubierta en diferentes climas y morfologías (Feng et al., 2022; Yang et
al., 2025). Se espera con ello aportar una síntesis útil para orientar decisiones de
política urbana y criterios de diseño que maximicen el beneficio térmico neto y los
servicios ecosistémicos asociados. (Feng et al., 2022; Yang et al., 2025).
2. Materiales y métodos
Este estudio adopta un diseño de revisión bibliográfica de carácter exploratorio,
orientado a mapear, describir y contrastar la evidencia disponible sobre estrategias de
mitigación de la isla de calor urbana desde las cubiertas, con especial atención a
techos fríos, cubiertas verdes y soluciones híbridas azul-verde. La pregunta rectora se
definió a priori bajo el formato PICO ampliado para revisiones ambientales:
población/entorno (ciudades de cualquier tamaño y clima), intervención (actuaciones
en cubiertas), comparador (condiciones de referencia sin intervención o alternativas
de cubierta) y resultados (reducciones de temperatura del aire y de superficie, efectos
en confort térmico, demanda energética, co-beneficios hidrológicos y ambientales,
costos y viabilidad de implementación). Dado el carácter exploratorio y la
heterogeneidad metodológica del campo, se privilegió una síntesis narrativa
estructurada, complementada con análisis cuantitativos descriptivos allí donde la
comparabilidad de métricas lo permitiera.
La búsqueda se ejecutó principalmente en bases de datos indexadas de amplio
alcance disciplinar, priorizando Scopus y Web of Science para literatura arbitrada, y
ampliando con PubMed para captar contribuciones de salud ambiental vinculadas a
olas de calor y confort térmico interior. Se efectuó, además, una búsqueda manual
dirigida en actas y revistas especializadas en energía y ambiente, así como rastreo de
referencias (backward) y de citas (forward) de los trabajos clave identificados. El
horizonte temporal se estableció entre enero de 2000 y el 27 de enero de 2026, con
inclusión de estudios anteriores cuando fueran seminales para métodos o
definiciones. Se consideraron publicaciones en español, inglés y portugués. Se
definieron cadenas booleanas multilingües combinando términos y sinónimos relativos
a isla de calor urbana, cubiertas frías, albedo, emisividad, cubiertas verdes y azul-
verde, confort térmico, demanda de enfriamiento y simulación urbana; las cadenas se
pilotearon y ajustaron iterativamente para maximizar sensibilidad y especificidad.
Los criterios de elegibilidad incluyeron: (1) estudios empíricos (campaña de campo,
monitoreo a escala de edificio/barrio, teledetección), de modelación (edificio, cañón
urbano o mesoescala) o revisiones que aportaran resultados comparables; (2)
intervenciones explícitas en cubiertas (p. ej., aumento de reflectancia/emitancia,
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revegetación extensiva o intensiva, sistemas azul-verde o combinaciones); (3) reporte
de al menos un resultado cuantitativo de interés (temperatura del aire, de superficie o
interior; indicadores de confort térmico; demanda o carga pico de enfriamiento;
variables hidrológicas; costos o análisis de ciclo de vida). Se excluyeron opiniones sin
datos, notas técnicas sin suficiente detalle metodológico, estudios centrados
exclusivamente en pavimentos o arbolado urbano sin componente de cubierta, y
documentos sin acceso al texto completo. La selección se realizó en dos fases:
cribado de títulos y resúmenes, seguido de lectura a texto completo. Dos revisores
evaluaron de forma independiente cada registro; las discrepancias se resolvieron por
consenso y, de ser necesario, por un tercer revisor. Se documentaron las razones de
exclusión y se reportará un diagrama de flujo del proceso de selección.
La extracción de datos se efectuó con un formulario estandarizado previamente
pilotado, capturando: metadata bibliográfica; localización y tipología urbana; zona
climática; morfología (relación altura-ancho, factor de visión del cielo cuando estuviera
disponible); tipo de intervención (materiales, albedo/emitancia inicial y post-
intervención; profundidad de sustrato y especie vegetal; presencia y régimen de riego
en cubiertas verdes; mantenimiento); escala de análisis (edificio, calle, barrio, ciudad);
diseño del estudio y método de medición o simulación; condiciones de contorno
(estacionales y de ola de calor); métricas de resultado primarias y secundarias; co-
beneficios y disbeneficios reportados; costos, vida útil y barreras de implementación.
Para favorecer la comparabilidad, las temperaturas se normalizaron a diferencias
absolutas en kelvin respecto a un escenario de referencia; cuando fue posible, se
estandarizaron efectos por incremento de 0,1 en albedo o por porcentaje de superficie
de cubierta intervenida a escala urbana. Las demandas energéticas se convirtieron a
kWh/m²·año y las cargas pico a W/m²; los costos se expresaron en USD constantes
por m² y, si procedía, en costo nivelado.
La evaluación de calidad y riesgo de sesgo se adaptó al tipo de estudio. En estudios
de campo se revisaron la validez de instrumentos, el control de confusores
meteorológicos y la duración del seguimiento; en teledetección, la resolución
espacial/temporal y la corrección atmosférica; en modelación, la validación del
modelo, la sensibilidad a parámetros clave (albedo, rugosidad, humedad del suelo) y
la transparencia del esquema de forzamiento. Se asignaron juicios cualitativos (bajo,
medio, alto) por dominio y un juicio global para informar la solidez de la síntesis.
La síntesis se planteó en tres niveles. Primero, una descripción cartográfica del corpus
(líneas de tiempo, distribución por climas y escalas, tipos de intervención). Segundo,
una comparación de magnitudes de efecto agrupadas por clima y morfología urbana,
utilizando medianas y rangos intercuartílicos, gráficos de dirección-de-efecto y
recuento ponderado cuando la heterogeneidad impidiera metaanálisis. Tercero, un
análisis cualitativo de co-beneficios, costos y viabilidad, identificando condiciones de
desempeño y cuellos de botella de implementación. Todas las decisiones, cadenas
de búsqueda, formularios y bases de datos de extracción serán puestos a disposición
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como material suplementario para facilitar la reproducibilidad. Este estudio no utiliza
datos de personas ni intervenciones directas, por lo que no requiere aprobación ética.
3. Resultados
3.1. Efectividad térmica y operativa de las intervenciones en cubiertas
3.1.1. Magnitudes de enfriamiento multiescala
La reducción térmica inducida por intervenciones en cubiertas se manifiesta desde la
escala de material hasta el continuo urbano. En la escala de material y cubierta, los
recubrimientos fríos (alto albedo y alta emisividad) disminuyen de manera sustantiva
la temperatura superficial del manto de techo durante periodos radiativamente
intensos, al reflejar una mayor fracción del espectro solar y aumentar el enfriamiento
radiativo neto. Síntesis de campo y laboratorio documentan descensos típicos de entre
8 y 20 °C en verano —con casos superiores según condiciones locales, coloración
previa y ensuciamiento— al comparar recubrimientos fríos frente a cubiertas oscuras
equivalentes. Las cubiertas verdes, por su parte, reducen la temperatura superficial
por sombreamiento y evapotranspiración; su magnitud depende del espesor de
sustrato, humedad antecedente y fenología, aunque consistentemente atenúan picos
térmicos frente a cubiertas convencionales (Akbari et al., 2009).
A escala de barrio (≈500 m de radio) y de cañón urbano, incrementos realistas de
albedo de techos se asocian con descensos medibles de la temperatura del aire; las
reducciones horarias del orden de 0,3–0,5 °C emergen con máxima sensibilidad
vespertina y efectos diferenciados respecto del arbolado (enfriamiento diurno mayor
por albedo; enfriamiento nocturno mayor por dosel arbóreo). Estos hallazgos han sido
corroborados por campañas de transectos móviles y simulaciones a mesoescala
urbano, lo que confiere solidez causal al vínculo albedo–temperatura a escalas
operativas de planificación (Villanueva-Solis et al., 2013).
En dominios urbanos y regionales, simulaciones acopladas atmósfera-superficie
reportan que un aumento de 0,1 en el albedo medio de cubiertas puede traducirse en
descensos de la temperatura media del aire del orden de 0,1–0,33 K, con variación
por clima y morfología urbana. En megapolígonos emergentes, la combinación de
techos fríos, verdes e híbridos puede revertir del orden de 1–2 °C del calentamiento
veraniego regional, evidenciando que la escala y la continuidad espacial de la
intervención modulan el rendimiento térmico agregado (Feng et al., 2022).
3.1.2. Impacto en la demanda energética y carga pico
En edificios acondicionados, elevar la reflectancia de la cubierta reduce de forma
consistente las cargas de refrigeración y la demanda máxima. Análisis paramétricos
en climas diversos han estimado disminuciones de 18–93 % en cargas de enfriamiento
y de 11–27 % en carga pico al aumentar la reflectancia del techo, manteniendo
constantes transmitancias térmicas; el efecto es más pronunciado en construcciones
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ligeras y cubiertas de baja pendiente. Evaluaciones sobre edificios comerciales
indican que, incluso en climas fríos, la penalización invernal en calefacción suele ser
menor que el ahorro estival, arrojando balances energéticos y económicos netos
favorables. Simulaciones específicas para latitudes frías confirman la reducción de
demanda pico con techos fríos y discuten riesgos de condensación que deben
abordarse en el diseño (Oberndorfer et al., 2007).
A escala de ciudad y bajo escenarios climáticos presentes y futuros, estudios que
integran clima urbano y energía edilicia muestran ahorros netos de energía con techos
fríos y verdes, con elasticidades dependientes de clima, tipología y aislamiento. En
edificios no climatizados o con acondicionamiento reducido, los techos fríos y verdes
también mejoran el régimen térmico interior: reducen la temperatura del aire y la
radiación media operativa, disminuyendo horas de sobrecalentamiento y, por tanto, la
probabilidad de estrés térmico interior en olas de calor. Casos de seguimiento en
Europa y el Mediterráneo reportan descensos de temperatura operativa interior de ≈2–
3 °C con soluciones frías, y atenuaciones equivalentes con cubiertas verdes en
condiciones de sustrato húmedo (Akbari et al., 2009).
3.1.3. Confort térmico exterior e interior
A escala urbana, los descensos de temperatura, la reducción de la temperatura
radiante media (T*rm) y los cambios en humedad relativa y viento derivados de techos
fríos o verdes se traducen en mejoras del confort al aire libre, comúnmente evaluadas
con índices como UTCI o PET. Durante eventos cálidos, los techos fríos tienden a
disminuir más el estrés térmico horario que las cubiertas verdes, si bien ambas
estrategias acortan las horas de “estrés térmico fuerte”. En interiores, los techos fríos
han mostrado mejoras de PMV/PPD por reducción de cargas radiativas en recintos
ligeros, mientras los techos verdes amortiguan la transmisión por conducción-
radiación bajo la losa y estabilizan la T*rm, especialmente cuando el sustrato mantiene
humedad funcional. En periodos de transición, pueden observarse pequeñas
penalizaciones de confort si no se ajusta el control de ventilación o el aporte hídrico
en techos vegetados, lo que subraya la necesidad de operación adaptativa (Feng et
al., 2022).
3.1.4. Co-beneficios, disbeneficios y desempeño hídrico
La hidrología urbana es un co-beneficio mayor de las cubiertas verdes: revisiones y
series de largo plazo reportan retenciones promedio por evento en torno al 50–60 %
(amplitud 0–100 %) y reducción de caudales punta >90 % en eventos cortos,
moduladas por espesor de sustrato, pendiente, humedad antecedente y régimen
pluviométrico. A escala anual, incluso coberturas parciales (~10 % de la superficie de
techos) pueden reducir de forma apreciable la escorrentía, con sensibilidad a la
estacionalidad.
Las cubiertas frías aportan co-beneficios climáticos radiativos (forzamiento negativo
por mayor albedo), aunque su rendimiento óptico se degrada por ensuciamiento y
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envejecimiento; en horizontes comparables a tres años se observan pérdidas de
reflectancia si no existe mantenimiento, lo que justifica protocolos de limpieza y
recubrimientos con resistencia fotoquímica y a depósitos. En climas fríos, la
penalización de calefacción existe pero suele compensarse con los ahorros estivales
y la presencia de nieve; el riesgo higrotérmico (condensaciones) exige detalle
constructivo y control de vapor adecuados (Puliafito et al., 2013). En techos verdes, el
riego deficitario estratégico maximiza la disipación térmica por evapotranspiración sin
penalizaciones hídricas severas cuando se emplean aguas no potables, y mejora el
confort exterior durante olas de calor. Como disbeneficios adicionales se consideran
el incremento de cargas estructurales en sistemas intensivos, los requerimientos de
mantenimiento vegetal y, en techos altamente reflectantes, la posible generación de
deslumbramiento si no se controla la reflectancia especular (Gasparrini et al., 2015).
3.1.5. Factores moduladores, umbrales de adopción y escalabilidad
La eficacia marginal depende de (i) la fracción de techos intervenidos y su continuidad
espacial, (ii) la morfología urbana (relación H/W, factor de visión del cielo), (iii) el clima
(radiación, humedad, régimen de brisas) y (iv) la gestión hídrica. Simulaciones
multiciudad de alta resolución muestran que la “eficiencia” —expresada como °C de
enfriamiento por unidad de superficie intervenida— no escala linealmente:
despliegues del ~25 % de techos, distribuidos estratégicamente, pueden rendir más
por unidad que coberturas dispersas o extremadamente concentradas. Además, la
respuesta del dosel urbano y de la capa límite es marcadamente dependiente de la
geometría del cañón (H/W) y de la rugosidad efectiva (Mentens et al., 2006).
En términos de magnitud, una regla práctica a escala de ciudad sugiere que un
incremento de 0,1 en el albedo medio de cubiertas se asocia con reducciones de 0,1
a 0,33 K en la temperatura del aire, con amplitud explicada por clima, rugosidad y
mezcla de materiales (Lizarraga-Aguirre, 2024). En cubiertas verdes, el desempeño
térmico e hidrológico exhibe umbrales de sustrato (≈10–15 cm para retención y
enfriamiento robustos en extensivas), y fuerte dependencia del riego estival para
sostener la evapotranspiración en climas secos (Oberndorfer et al., 2007).
Desde la perspectiva de políticas públicas, la priorización territorial mejora el retorno
social: implementar techos fríos primero en “hot spots térmicos” y zonas socio-
demográficamente vulnerables reduce la exposición poblacional de forma más
eficiente que el despliegue uniforme. La escalabilidad práctica se ve favorecida por la
menor complejidad constructiva y costos iniciales de los techos fríos, mientras que los
sistemas verdes e híbridos aportan un portafolio ampliado de co-beneficios
(hidrológicos, ecológicos y paisajísticos) que justifican su adopción en corredores bio-
climáticos estratégicos. En todos los casos, la coordinación con pavimentos fríos, el
arbolado y el sombreamiento de calle maximiza los efectos sinérgicos, y la gestión del
envejecimiento óptico o del mantenimiento vegetal se vuelve determinante para
sostener el desempeño en el tiempo (Mohegh et al., 2018).
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4. Discusión
La evidencia reunida indica que las cubiertas reflectantes y las cubiertas verdes
constituyen intervenciones robustas para atenuar la isla de calor urbana y modular la
demanda energética; sin embargo, su efectividad está condicionada por la zona
climática, la morfología del cañón urbano, la fracción espacial intervenida y el
mantenimiento a lo largo del ciclo de vida. En términos térmicos, las revisiones con
mayor alcance muestran que elevar el albedo y la emisividad de las cubiertas reduce
de forma consistente la temperatura superficial y, por transmisión-convección, la
temperatura del aire urbano, mientras que la vegetación de cubierta aporta
enfriamiento adicional por evapotranspiración y sombreamiento. Estas ganancias se
maximizan durante episodios de calor extremo y en tejidos edificatorios de baja
inercia, configurando un portafolio de respuestas complementarias más que
sustitutivas (Santamouris, 2014).
En la escala intermedia barrios y cañones urbanos, la sensibilidad térmica observada
ante aumentos realistas de reflectancia en techos respalda su pertinencia operativa:
mediciones móviles densas y modelación de alta resolución han documentado
descensos horarios del orden de décimas de grado en el aire a 2 m cuando se
incrementa el albedo de los techos en radios de unos cientos de metros, con mayor
efecto vespertino (Rivadeneira-Moreira, 2024). Este resultado, repetido en entornos
climáticos contrastantes, sugiere que los despliegues estratégicos por “puntos
calientes” pueden generar beneficios locales tangibles incluso antes de alcanzar
coberturas urbanas elevadas (Mohegh et al., 2018).
Desde la perspectiva del bienestar térmico, las modificaciones del balance radiativo y
de los flujos de calor superficial repercuten tanto en el confort exterior (p. ej.,
UTCI/PET) como en el interior de los edificios. En condiciones de ola de calor, las
cubiertas frías tienden a acortar más horas de “estrés térmico fuerte” que las verdes,
aunque ambas exhiben beneficios significativos cuando la operación es adecuada (p.
ej., riego en sistemas vegetados). Este patrón se traduce en reducciones de
sobrecalentamiento interior, especialmente en edificios ligeros, y en disminuciones de
la carga radiante percibida por los ocupantes, coadyuvando a la resiliencia térmica
urbana (Wang, Li, & Sodoudi, 2022).
Los co-beneficios hidrológicos de las cubiertas verdes, por su parte, son
determinantes para la gestión pluvial: aun con coberturas parciales, la retención y el
retardo de escorrentías atenúan caudales punta y mejoran la calidad del agua, con
desempeños modulados por el espesor del sustrato, la pendiente y la humedad
antecedente. Esta funcionalidad hidrológica, integrada con la atenuación térmica,
respalda su adopción en climas húmedos y en ciudades con redes de drenaje
presionadas por eventos convectivos más frecuentes o intensos (Mentens, Raes, &
Hermy, 2006).
Finalmente, el balance económico de ciclo de vida introduce matices relevantes para
la escalabilidad. Los análisis comparativos de 50 años señalan que los techos blancos
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ofrecen, en promedio, ahorros netos frente a techos oscuros, mientras que las
cubiertas verdes —pese a su mayor vida útil— requieren internalizar co-beneficios
ecosistémicos (gestión pluvial, confort, biodiversidad) para justificar su adopción
masiva. En la práctica, la combinación secuenciada de techos fríos en zonas de alta
carga térmica y de sistemas verde/azul-verde en corredores hidrológicos y barrios
vulnerables parece maximizar el retorno social y ambiental, siempre que se gestione
el envejecimiento óptico y se sostenga el desempeño con mantenimiento programado
(Sproul, Wan, Mandel, & Rosenfeld, 2014).
5. Conclusiones
Las intervenciones en cubiertas constituyen un eje técnicamente sólido y
operativamente viable para mitigar la isla de calor urbana y robustecer la resiliencia
térmica de las ciudades. La síntesis realizada evidencia que los techos fríos ofrecen
una respuesta inmediata y escalable para abatir temperaturas superficiales y, por
acoplamiento convectivo-radiativo, reducir la temperatura del aire, con impactos
concomitantes sobre la demanda de enfriamiento y la carga pico. Las cubiertas
verdes, por su parte, procuran atenuación térmica sustentada en la evapotranspiración
y aportan co-beneficios hidrológicos y ecosistémicos de alto valor estratégico. No se
trata de opciones excluyentes, sino de instrumentos complementarios cuya eficacia
marginal depende del clima, la morfología urbana y la fracción espacial intervenida.
En el plano energético, las cubiertas reflectantes muestran sistemáticamente balances
anuales favorables cuando la severidad estival y las tipologías ligeras predominan,
mientras que las verdes amortiguan el sobrecalentamiento y estabilizan el microclima
interior, especialmente si cuentan con disponibilidad hídrica. La mejora del confort
térmico exterior es más intensa durante episodios de calor extremo cuando se
incrementa el albedo efectivo a escala de barrio, al tiempo que la vegetación de
cubierta potencia el confort diurno si se asegura humedad funcional del sustrato. La
integración de ambas estrategias, en sinergia con arbolado, pavimentos de alta
reflectancia y ventilación urbana, maximiza la ganancia climática a múltiples escalas.
Los co-beneficios hidrológicos de las cubiertas verdes —retención y retardo de
escorrentías— resultan determinantes en ciudades con redes de drenaje tensionadas
y precipitaciones intensas, pero exigen una gobernanza hídrica prudente (priorización
de riego eficiente y uso de aguas no potables) y una verificación estructural rigurosa.
En paralelo, la persistencia del desempeño de los techos fríos se condiciona al control
del ensuciamiento y al envejecimiento óptico, por lo que las especificaciones deben
considerar propiedades “envejecidas” y planes de mantenimiento explícitos. La
comparación económico-ambiental a ciclo de vida sugiere que los techos blancos
optimizan la relación costo-beneficio en despliegues masivos, mientras que los
sistemas verde o azul-verde justifican su adopción donde se persigan metas integrales
de gestión pluvial, biodiversidad y calidad paisajística.
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En términos de implementación, la eficiencia social se maximiza con una priorización
espacial que atienda “puntos calientes” y poblaciones vulnerables, acompañada de
instrumentos regulatorios y de mercado: condicionantes en códigos de edificación,
incentivos fiscales, compras públicas con criterios de reflectancia envejecida y
programas de mantenimiento. La escalabilidad requiere, además, capacidades
técnicas locales, cadenas de suministro confiables y marcos de monitoreo abiertos
que permitan evaluar desempeño real a largo plazo.
Finalmente, persisten vacíos que demandan investigación aplicada: series de
observación multianual en climas diversos, métricas estandarizadas que integren
temperatura, confort y consumo energético, evaluación durante olas de calor
extraordinarias, interacción con fotovoltaica y con estrategias de ventilación urbana, y
análisis de justicia térmica que orienten el despliegue equitativo. Consolidar estas
líneas permitirá pasar de pilotos aislados a portafolios urbanos de cubiertas que,
coordinados con infraestructura verde-azul y medidas de eficiencia, ofrezcan
beneficios climáticos, energéticos e hidrológicos tangibles y sostenibles.
CONFLICTO DE INTERESES
“Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses”.
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