
Revista Científica Ciencia y Método | Vol.04 | Núm.01 | Ene–Mar | 2026 | www.revistacym.com pág. 322
balcones, la fracción y tipología de aberturas (abatibles, correderas, louver, transoms)
y la existencia de particiones internas determinan el régimen de ventilación —simple
a una cara, cruzada o por tiro térmico— y, con ello, la eficacia térmica y de dilución de
contaminantes (Omrani, Garcia-Hansen, Capra, & Drogemuller, 2017; Zhong et al.,
2022). En climas cálido-húmedos, la ventilación simple a una cara suele mostrar
rendimientos inferiores y mayor sensibilidad a turbulencias incidentes y a
obstrucciones externas, lo que la hace menos robusta que la ventilación cruzada para
lograr tasas de renovación elevadas y velocidades interiores perceptibles (Zhong et
al., 2022). Asimismo, la evidencia reciente indica que incluso la ventilación cruzada
puede resultar insuficiente bajo escenarios de olas de calor y clima futuro, salvo que
se combine con otros dispositivos pasivos (p. ej., chimeneas solares o captadores de
viento) o con ventilación híbrida asistida (Ahmed et al., 2021; Zhang et al., 2021).
Pese a estas restricciones, la pertinencia de la ventilación natural pasiva en los
trópicos se sostiene por varias razones. Primero, los modelos de confort adaptativo
muestran que, en edificios “free-running”, las personas ajustan sus expectativas
térmicas al ambiente exterior, ampliando el rango de condiciones aceptables en
comparación con el confort estático, particularmente cuando se incrementa la
velocidad del aire sobre el cuerpo (Nicol, 2004; Toe & Kubota, 2013). Segundo,
ensayos de campo en oficinas tropicales confirman que el aumento del movimiento de
aire mediante ventiladores de techo permite elevar el set-point hasta ~26–27 °C sin
penalizar aceptación, lo que reduce de forma sustantiva el uso de enfriamiento
mecánico (Lipczynska, Schiavon, & Graham, 2018). Tercero, en tipologías de alta
esbeltez, la ventilación cruzada bien configurada —combinando orientación, relación
y posición de aberturas y control de obstáculos— puede disminuir temperaturas
operativas y horas de disconfort de manera significativa (Stasi, Ruggiero, & Berardi,
2023). Finalmente, la arquitectura vernácula tropical ofrece un reservorio de
soluciones bioclimáticas —elevación del volumen, porches profundos, patios, dobles
alturas, corredores ventilados— que optimizan las trayectorias del viento, filtran la
lluvia y promueven velocidades interiores útiles, con evidencia creciente sobre su
desempeño medido o simulado (Pan, Zhong, Zheng, Xu, & Zhang, 2024).
La viabilidad técnica y operativa de estas estrategias demanda, no obstante, un
abordaje de diseño multicriterio. Además de maximizar el potencial eólico local, es
necesario resolver conflictos comunes en entornos urbanos cálido-húmedos: intrusión
de ruido, entrada de lluvia y salitre, seguridad y privacidad, y exposición a
contaminantes exteriores. La literatura de revisión y guías metodológicas propone
integrar, desde etapas tempranas, herramientas de predicción (modelos de red, CFD,
túnel de viento) con reglas de diseño paramétricas para ajustar área y ubicación de
aberturas, relación de vacíos, protecciones (aleros, parasoles, wing-walls) y
dispositivos de extracción (chimeneas solares, lucernarios ventilados), así como
esquemas mixtos que conmutan entre free-running y asistencia mecánica de baja
potencia (Omrani et al., 2017; Zhang et al., 2021; Sakiyama et al., 2020). En climas
cálido-húmedos, donde la flotación es débil, el énfasis recae en captar y dirigir el