
Revista Científica Ciencia y Método | Vol.04 | Núm.02 | Abr–Jun | 2026 | www.revistacym.com pág. 307
Se entiende como un sistema dinámico de características internas que orientan la
conducta y permiten que el individuo mantenga coherencia a lo largo del tiempo. La
personalidad está formada por pensamientos, emociones y comportamientos
relativamente estables que surgen de la interacción entre los factores biológicos y las
experiencias del entorno. Esta combinación explica por qué cada persona responde
de manera diferente ante los mismos desafíos laborales (Moreno et al,2025).
En el contexto de las organizaciones, la personalidad adquiere relevancia porque no
solo determina el comportamiento individual, sino también la forma en que los
trabajadores se integran, se comunica y se adaptan a la cultura institucional. Feist et
al. (2018) define la personalidad como una organización dinámica de los sistemas
psicofísicos del individuo, responsables de su conducta característica. (Feist et al.,
2018). La relación entre personalidad y desempeño no es lineal, sino que depende de
la interacción entre las características individuales y las demandas del entorno laboral,
lo que condiciona la expresión de los rasgos en contextos específicos (Judge &
Zapata, 2015). Por su parte, Goicoechea & Moreno (2024) señala que los rasgos de
personalidad son tendencias estables que guían las acciones de la persona,
otorgándole coherencia y continuidad. Así, entender la estructura de la personalidad
permite predecir el desempeño, la cooperación y la capacidad de adaptación del
trabajador dentro del espacio laboral (Goicoechea & Moreno, 2024).
En la investigación de Moreno et al,2025., desarrollado con 388 estudiantes del
Instituto Tecnológico Superior de Lerdo (Durango, México), evidenció una relación
estadísticamente significativa entre los rasgos de personalidad y las competencias
laborales. Mediante el uso de los instrumentos, se observó que ciertos rasgos
favorecen el desarrollo de habilidades profesionales, mientras que otros pueden limitar
el rendimiento. Por ejemplo, la “actitud de influencia” y el “juicio” mostraron
asociaciones positivas con la toma de decisiones, mientras que una alta “estabilidad
emocional” se vinculó con dificultades en la comunicación y la rapidez de respuesta.
Estos resultados confirman que los rasgos individuales influyen de manera directa en
la efectividad y el bienestar laboral (Moreno et al,2025).
Desde la perspectiva teórica, autores como Cattell, citado por Goicoechea & Moreno
en el 2024, explican que los rasgos de personalidad pueden organizarse en factores
estables que determinan la manera en que las personas se relacionan con su entorno.
Rasgos como la responsabilidad, el autocontrol o la vivacidad tienden a asociarse con
un mayor compromiso laboral y con un mejor desempeño en tareas que requieren
constancia y cooperación. En cambio, la rigidez o la inestabilidad emocional suelen
relacionarse con dificultades para afrontar cambios o manejar el estrés en el trabajo
(Cattell, como se citó en Goicoechea & Moreno, 2024).
El mismo estudio evidenció que la minuciosidad, el dinamismo y la actitud de influencia
son rasgos que impulsan competencias laborales fundamentales, como la
planificación, la toma de decisiones y el trabajo en equipo. Sin embargo, cuando existe
un nivel excesivo de estabilidad emocional o una preferencia por la seguridad, puede