
Revista Científica Ciencia y Método | Vol.04 | Núm.02 | Abr–Jun | 2026 | www.revistacym.com pág. 328
En concordancia, Arnaiz (2003) y Moriña (2002), coinciden en que la inclusión no es
solo integrar, sino transformar la cultura escolar para que la presencia, participación y
éxito de todos sea posible. Por ello, el estudio enfatiza también en que la inclusión
requiere que los profesores trabajemos en equipo y de forma colaborativa para
resolver los desafíos de la diversidad. De manera que, surge en la investigación el
Aprendizaje Basado en Proyectos-ABP como una respuesta para visibilizar la utilidad
de la matemática en contextos reales, mediante la interdisciplinariedad se logró el
intercambio de experiencias, enfoques y prácticas educativas con docentes de las
distintas áreas, promoviendo el aprendizaje activo entre pares. Según el Instructivos
para Proyectos Interdisciplinarios del MinEduc (Ministerio de Educación, 2022), la
implementación de proyectos interdisciplinarios representa un giro positivo hacia el
currículo por competencias ya que no se trata solo de una técnica didáctica, sino el
eje que articula el conocimiento teórico con la resolución de problemas de la vida
cotidiana. De allí, aplicado en la matemática se convierte en una herramienta funcional
porque resuelven problemas reales y aumentó la motivación intrínseca de los
estudiantes de la institución.
De igual forma, Cristancho (2016), en su investigación sobre Modelos Didácticos en
Educación resalta que el ABP permite al estudiante con discalculia trabajar en roles
donde su fortaleza destaque, disminuyendo la presión sobre el cálculo abstracto, de
esta manera la resolución de problemas no recaerá en un solo alumno, sino en un
equipo cooperativo en donde puede destacar como investigador, planificador,
diseñador o vocero. Asimismo, Mayorga & Madrid (2010), sostienen que el
aprendizaje es más efectivo cuando es dialógico y colaborativo. Aquello aporta la
dimensión socio-constructivista en donde el aprendizaje no es un proceso mecánico
de transmisión de datos del docente al alumno, sino una construcción que sucede en
la interacción entre pares, de modo que se genera aprendizaje activo, aprendiendo
unos de otros y logrando construir conjuntamente conocimientos, habilidades
cognitivas y sociales.
Si bien es cierto, los descubrimientos iniciales, revelan a un grupo de estudiantes con
dificultades en la transcodificación numérica y algoritmos básicos. De acuerdo con la
American Psychiatric Association (2014), que identifica estas trabas como un patrón
de déficit en el procesamiento de información numérica, discalculia. Aun cuando, la
visión clínica suele centrarse en la limitación del estudiante, los resultados de esta
propuesta se alinean con lo expuesto por Varas et al., (2016), en donde sugieren que
la discalculia, como fenómeno cognitivo, exige una mediación que trascienda la
repetición mecánica hacia un aprendizaje significativo que entiende, relaciona,
construye y resuelve problemas de una manera consciente.
Con respecto a los sustentos teóricos presentados por los autores, que fortalecen la
investigación, permitiendo ser considerada como una herramienta didáctica
metodológica en contextos de educación puesto que la implementación del
Aprendizaje Basado en Proyectos se configuró como una estrategia metodológica
coherente con este enfoque, al promover situaciones de aprendizaje contextualizadas,